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Pinturas rupestres

Si hay un yacimiento neolítico que destaca sobre los demás en nuestro pueblo, éste sin ningún lugar a dudas el Abrigo del Corral del Tío Escribano, situado a apenas un par de kilómetros del núcleo urbano de Titaguas en dirección hacia Aras de los Olmos, en el barranco denominado La Loma de Las Cuevas. En este abrigo, de unos 9.000 años de antigüedad, encontramos un grupo de pinturas rupestres, en el alero de un pequeño covacho situado a cierta altura sobre el nivel del terreno, donde se representan las figuras de un cérvido o un cáprido, así como escenas de caza y de danza .Por otra parte, en otro covacho, a un nivel mucho más bajo que el anterior, y también protegido con un muro de piedra, pueden localizarse restos de otras figuras, parece ser que, de un par de ciervos con cornamenta, pero muy mal conservados por estar la pared del abrigo muy ahumada y presentar coladas calcáreas que han cubierto las pinturas.

De la misma manera, destacan las pinturas existentes en la llamada Partida del Hondón, también en el monte, donde Eduardo Tello encontró restos de antiguas pinturas rupestres. Evidentemente, aunque los datos son insuficientes, podríamos conjeturar la posibilidad de que en el término titagüeño la vida durante este período transcurriera entre el Corral del Tío Escribano y El Hondón, pasando por un menhir de la misma época, hallado hace unos años, que se encontraría a medio camino entre ambos yacimientos.

Estas representaciones rupestres podemos ubicarlas dentro del denominado “arte levantino”, que se desarrolló en el este de la Península Ibérica durante el período neolítico. Precisamente, estas pinturas titagüeñas, cuentan con la mayoría de las características de este tipo de arte prehistórico, pues las figuras están pintadas en color rojo, obtenido a través de diferentes minerales, así como la novedad de compartir espacios las figuras humanas, en actitud de marcha, y animales, lo que dota de gran dinamismo a la escena. Del mismo modo, destaca el trazo esquemático de todas las figuras, puesto que no existía una intención realista para los hombres del Neolítico, ya que lo que les interesaba era captar el movimiento, creando para ello composiciones en diagonal, como la presente.

Es evidente por tanto que, desde hace al menos 9.000 años, hubo presencia humana estable en las tierras que comprenden nuestro término municipal, pues como hemos indicado anteriormente, la sedentarización es uno de los rasgos definitorios del hombre del Neolítico, constatándose la estabilidad y la permanencia en el territorio, de tal manera que aquel o aquellos individuos que realizaron estas pinturas vivieron aquí durante largos períodos de su vida, muy probablemente, en algunas de las cuevas cercanas al yacimiento, que precisamente dan nombre al Barranco de La Loma de Las Cuevas, determinando la ubicación por el aprovechamiento de los recursos, ocupando lugares estratégicos en el aspecto defensivo, como éste.

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